Sanar al Niño Interior: Por Qué Es la Medicina que los Adultos Necesitan
Subtítulo: El refugio de la infancia y el camino hacia la libertad somática.

Pasamos la vida entera tratando de habitar una máscara que no somos. Vivimos intentando encajar, cumplir expectativas ajenas o protegernos del ruido del mundo externo y de los tiempos difíciles. Pero sostener esa coraza es, a nivel energético y somático, una de las tareas más desgastantes que existen. El cuerpo, tarde o temprano, pasa factura: de ahí viene la desconfianza, llegar a la ansiedad, la depresión y una desconexión profunda de nuestra esencia.
Por mucho tiempo yo también sostuve ese personaje, hasta que el cansancio, los ciclos de vida y la desconexión de mi ser real me obligaron a parar.
Hoy voy a contar un poco de mi historia y de cómo regresé a casa, sané mi dolor y la desconexión de mi verdadero yo, convirtiéndolo en alquimia luego de entender mejor la vida y de dejar de ser su víctima.
No te hablo desde la teoría, sino desde la rendición, desde los dieciocho años de experiencia clínica, desde la mujer que ahora camina con su niña de la mano y desde el canal que soy.
El Espejo Partido: La partida de mi padre y el refugio primitivo de las letras
Mi camino con la alta sensibilidad comenzó en la infancia. Desde niña, la palabra meditación y chakras me hacían recordar algo muy profundo dentro de mí, aunque en ese entonces no sabía por qué; esos fueron mis verdaderos inicios. Crecí en un hogar lleno de contrastes hermosos: escuchando a mi papá tocar la guitarra, cantar, viéndolo leer, escuchar música y jugar ajedrez, siempre desde su rebeldía, habitando sus grandes pasiones. Mientras mi madre, una mujer huracán, fuerte de carácter, noble de corazón, rebelde también, hacendosa, amorosa, malgeniada, compasiva y creativa, jóven y tal vez frustrada por un matrimonio prematuro donde no recibió el amor y atención que esperaba, pese a que mi padre es un buen hombre, justo, colaborador, cero patriarcal y aunque nadie en su infancia lo maltrató, tampoco le enseñaron sobre la expresión de afecto y amor. Tuvo 12 hermanos; su madre murió a mediana edad y su padre lo abandonó de niño —lo conoció adolescente—. Aún así es un hombre íntegro, respetuoso, sensible, responsable, honesto, culto y amoroso. Las cuestiones de pareja son eso, de pareja, y muchas veces la pareja que somos no define el ser humano que habitamos.
A mi padre se le despertó esa ternura y expresión afectiva con nosotras dos, mi hermano y yo, dice mi madre. Aunque generalmente la gente lo aprecia y admira porque es un hombre íntegro, honesto, amable, muy sentimental y agradable.
Vengo de un linaje femenino de magia y de un linaje paterno de arte. Mi madre hace magia y bellezas con sus manos también. Es una decoradora de interiores y artista plástica empírica, además de una artesana maravillosa. Viene de un padre mujeriego, temperamental, agresivo cuando consumía alcohol, pero la amaba a ella como a nadie. Fue separada de él porque mi abuela recompuso el hogar y la crió mi abuelastro, que hoy en día, ya fallecido, fue su padre amado y mi abuelo adorado. Aunque honremos también hoy a mi abuelo biológico. Su madre, mi abuela, una matriarca sabia, bruja, amante de los perros y animales, herida y con rabia, temperamental pero compasiva, de un humor finísimo y extremadamente buena y altruista. Era una psicóloga empírica con un sentido de objetividad y justicia que a muchos les hace falta.
El tío que crió a mi abuela era el asistente del brujo del pueblo; de ahí que vengo de un linaje materno de brujos, tías que murieron castas, compasión extrema y abandono de madre. A mi abuela la abandonó su madre siendo niña, abandonó el hogar. Luego, adolescente, volvió, se la robó al salir del colegio para llevarla de criada de su otra familia, y mi abuela escapó y volvió a su pueblo con ayuda de un hermano que le contó que la mamá la quería de “empleada” de ellos, es decir, de la familia por la que la había abandonado a ella y a sus padres, pues mi abuela era hija única y legítima, algo raro en esos tiempos.
Mis ancestros son de Ambalema, departamento del Tolima. Todos, así es que soy de linaje Pijao. Exacto, mis dos tíos menores nacieron en el Valle del Cauca.
Volviendo a la historia infantil: mis padres inician peleas, yo de 8 años aproximadamente, mi hermano de 15. Siempre intentando que yo no me afectara, pues era aterrador para mí. Angustia, miedo, dolor y lo que experimentan los niños en los conflictos de adultos. No se agredían físicamente, pero parecía. Los gritos y todo ese mundo incompresible para alguien que ha sido feliz con sus padres es un choque de realidad; además, la impotencia para el sistema nervioso de una niña o niño, en esos momentos, es demasiado.
Recuerdo a mi padre como el que siempre está dispuesto con amor para mí; recuerdo los domingos: me bañaba mi madre temprano, mi padre deportista siempre madrugador, salíamos, yo, siendo pequeña, tomada de su mano grande, para ir a comer buñuelos; nos encantaban los de la esquina del barrio, mientras regresábamos a desayunar.
Aún nos encantan. Y catamos buñuelos.
Recuerdo sentir llegar a mi padre del trabajo y ser mi refugio y alegría más intensa.
Recuerdo su protección ante el enojo de mamá.
Recuerdo grabarme cantando y enseñando sobre animales y sobre el universo, las estrellas y los planetas. El libro Cosmos de Carl Sagan es nuestra reliquia y herencia paterna, entre otras.
Mi Ofrenda
Creo que todo lo que sucede en nuestra vida teje la misma vida, y con los años vamos comprendiendo que en nuestro mayor dolor puede estar también un propósito puro y firme de vida escondido en un dolor con una eterna e inconsciente victimización, donde también reside un alma esperando su mayor dharma, ofrenda y rendición.
Yo ahora sano niños interiores de adultos. Mi carta astral y mis guías esotéricos llegaron a esa misma y hermosa conclusión. Sí, como la ciencia, todas me llevaron a lo mismo. Con guías que no se conocen entre sí. Concluyeron mi misión y propósito de sanadora de niños grandes, con amor, arte y la profundidad de las estrellas que solo hallamos cuando nos elevamos completos y no fragmentados.
Porque la niña y el niño interior no son solo esa figura metafórica. Es trauma, comprobado; es dolor, es patrón repetido, es narcisismo, es depresión, es ansiedad, es enfermedad, es insatisfacción, es cuerpo tensionado, es memoria somática, es conflicto de pareja, es conflicto con uno mismo, es bloqueo, es llanto, es queja, es ataque, es recortes, es envidia… y podría ustedes completar…
Es una memoria psicológica que necesita recordarse el amor, la seguridad y la medicina libre, compasiva, inteligente y autónoma de su interior.
Cuando mis padres se separaron, a mis casi 9 años (fue en junio y yo cumplo en julio), me quebré. No fue solo por ser altamente sensible, sino porque era lo natural: amaba a papá más que nada. Todo lo que había aprendido a amar, lo amaba a través de su ser. Mi alta sensibilidad me llevó a asumir esa partida como si se llevara el juego y el arte de niña; eso lo entendí en una lectura de tarot.
De ahí, creo, temí dejarme ver el alma o algo así. Mi hermano hace gran parte de mi vida y me ayudó mucho a sobrellevar esa ausencia con su presencia consciente e intentando hacerme feliz. Y hasta hoy lo ha hecho siempre.
Mi padre, al ser el artista, el tranquilo, el que me consiente, el protector, el oasis, el templo, el que jamás me ha gritado ni golpeado en la vida, se va. Quiero aclarar que mi papá se fue de casa pero nunca de mi vida; él siempre ha estado para mí, pero vivir sin él en casa significó un cambio muy fuerte de realidad. Y lo es. Aunque siempre he pensado que eso del trauma de la “separación” también es causa del modelo de familia convencional, que tanto daño le hace a la sociedad.
Pero por otro lado, al margen del modelo de familia, están esas individualidades, traumas y decisiones masculinas, esas que a muchos hombres y mujeres los llevan a no hacerse cargo de su paternidad o maternidad, y entonces ocurre el abandono voluntario.
Imagino en este caso a mujeres, quiénes han experimentado ese abandono de cuerpo, de rol y de energía paterna, pues atiendo seguido casos así y les mando mucho amor a quienes estén leyendo esto en ese caso de ausencia de figura paterna. Sé que no todos los casos son iguales, pero sí conozco varias consecuencias en la vida de una mujer.
Espero que logren habitarse en esa energía que en su ser entero y sabio ya las habita cuando soltamos la resistencia, el dolor o la ira, y la volvemos autocuidado, autocompasión y presencia para observarnos desde otra percepción.
Cuando tomamos decisiones y nos abrazamos desde todos los frentes, desde los inviernos fríos o los veranos cálidos.
Cuando de verdad miramos esa niña de frente, con responsabilidad y con ese amor que al sentirla vamos recordando, al margen de lo que esa niña haya tenido que experimentar, la realidad de adulta cambia para siempre y se eleva en dignidad y soberanía para caminar.

Impacto Psicofisiológico de la Herida por Separación
El impacto de la ida de papá fue tan profundo en mi cuerpo que, antes de morir, mi abuela materna me reveló algo que yo no recordaba, pero que ella, con su alma elevada, sabía que yo tenía que enterarme: cuando papá se fue, me dijo una mentira “piadosa” —no la recuerdo; él me lo dijo ya adulta cuando le conté esto que les voy a contar. Al enterarme de que mi papá se había ido de la casa, al otro día, porque mi abuela fue a vernos y ahí supe, convulsioné. Me dio un ataque y yo, hasta el día de hoy, NO lo recuerdo. ¿Pueden imaginar todo lo que pasó en mi psiquis, mi cuerpo y mi alma ahí? Solo ahí. Sin ser profesionales de la salud o siéndolo, ¿imaginan? Yo supe eso a mis 34 años y tengo 47.
¡Siiii! ¡WoW! Fue impactante; implicó estudiarme más, comprender más y sanar más. Pues la sanación es extensa, por no decir que sanar es la misma vida; mucho dolor e insatisfacción se va sanando mientras se atraviesa la existencia y nos vamos recordando.
”No olvidarme de esa niña que se rompió”, me dijo un chamán que había trabajado mucho ese dolor y esa situación con papá y me felicitaba. Pero que nunca olvidara sostener a esa niña. Y creo que a través de mi servicio y de ayudar a sanar niños y niñas heridas de adultos responsables, ha sido una vía sagrada para cuidar la mía.
Uso la escritura, el juego, el movimiento, la intuición y el arte para atravesar el ser. Así lo logré yo. No todos somos artistas ni vinimos a eso. Pero el arte siempre va a ser una fuente de recordación, de soberanía, de alegría y una herramienta poderosa para calmar el sistema nervioso, darle salud y calma al cuerpo y estabilizar la sabiduría innata del corazón.
Mi relación con papá siempre fue buena y ahora es la mejor relación que tengo. Es mi amigo, mi cómplice, mi maestro, mi salvador, mi psicólogo. Hablamos de todo y me entiende todo. No me juzga y confía en mí como si yo fuera su Dios. Porque es ateo.
Su Dios es el de Spinoza: es la naturaleza y el universo. Pero nunca un Dios religioso.
Es decir, no tan ateo, pero eso es otro tema. Es un ser elevado y ha leído mucho, entonces piensa por sí mismo y ese es su mayor consejo: tener criterio. Es Acuario y es mi fuerza amorosa, rebelde y auténtica; junto con mi número 1 en numerología y mi Medio Cielo profesional en su signo Acuario, soy una esencia de aire y coherente con los pasos que he dado en la vida, que, aunque en ocasiones se pierdan, vuelven y se encuentran.
Tras ese quiebre de la separación, me partí en dos y me desconecté; me sentí desprotegida, tímida, insegura, me comparaba y me sentía tonta e incapaz en la pubertad. Me quedé con mi madre, una mujer amorosa, íntegra, noble y con una fuerza y poder femenino enorme, pero sobreprotectora, de temperamento fuerte y también lidiando con sus propias batallas.
Ante tanta vulnerabilidad, el inconsciente buscó sus propios canales de supervivencia y reemplazaba esa sensación como podía: desde niña la poesía, la música, la escritura y la lectura siempre me acompañaron. Las letras fueron mi primer refugio, mi forma de comunicarme con mis padres y con la vida misma.
Al Crecer se Abre un Mundo que Habitamos con las Heridas Herméticas
En la adolescencia llegaron la música, el alcohol, los amigos, el fin de la infancia, los amores, la insatisfacción con la vida, la falta de identidad, algunas drogas, la noche, los bares, la calle y esa presencia materna tan fuerte pero protectora, noble y justa, en relación a su pasado de crianza y al no querer que yo lo repitiera sin tener libertad, la cual logré gracias a mi hermano mayor y al lugar donde crecí, que nos daba seguridad para salir, vivir con amigos y crear vínculos. Mi madre, protectora y ansiosa, me dejó vivir en medio de sus miedos. Y creo que a ratos me excedí, pero sé que todo lo que vivió debía ser así.
Siempre fui un alma silenciosa que sanaba sola; sané mucha lucha mental y emocional sin asistir a terapia. Tuve amores platónicos, era enamoradiza y hoy creo que era para desviar la falta de papá. Porque en verdad era solo eso. De adolescente no tuve novios; prefería la libertad de la música y los amigos, pues tenía varios y eran grandes. No sentía necesidad de novios, pero sí de vivir la vida y la juventud que quería vivir. Y lo hice.
Me enamoré a los 17 y ahí todo cambió, pero seguí viviendo, pese a que enamorarse tan joven en verdad es como morir también un poco. Ese es otro tema del que seguro luego escribiré.
Tuve tricotilomanía de adolescente y luego de adulta jóven. Y nunca pedí ayuda; mi dignidad y espíritu sanador me ayudaron. Así empecé mi camino de sanadora que los astros respaldan y que, seguro de haber sido distinto, hoy nada sería como lo escribo.
Cuando atravesaba esas dificultades que no comprendía mi ser terrenal —porque tal vez mi alma sí—, aprendí, pese a ser una hija amada, a no incomodar y a resolver mis emociones a través de mi propia sabiduría a esa edad. A no hablar, a no expresar la forma como me sentía; en el fondo sentía que hablarlo no iba a sanarlo. Era algo así como percibir, desde mi ser joven, que no había solución presente y que esa calma vendría con el tiempo y un entendimiento álmico que en el fondo ya conocía la ruta. Eso me parece magnífico: entender que el dolor no es solo dolor para lastimarte y joderte, y ya, que el dolor tiene una función. Como plantean muchos que no ven más allá de la victimización: para mí sí tiene una misión el dolor, solo que el ego dormido, cómodo y complaciente jamás lo verá. Venir a vivir la vida y crecer con el alma unida no es cuestión solo de pasarla bien, tampoco de vivir de queja en queja, es cuestión de conciencia, escucha y presencia.
Esto anterior no me hace sentir del todo orgullosa, pues de adulta me ha costado mucho pedir ayuda y verme vulnerable, hablar cuando estoy pasándola mal, aunque el último año y medio la vida me puso en la tarea de atravesar eso con dignidad y volverlo un portal sagrado y también limitado, pues hay que tener en cuenta la red de apoyo, pero también hay que cuidar siempre la energía de vínculos tóxicos o de quienes no se alegran de verte bien.
Muchos patrones que venimos soltando, haciendo conscientes, o que nos vienen afectando, también vienen de heridas no vistas que de adultos ya no son para nada funcionales, entonces somos adultos comportándonos y habitando los vínculos y el mundo como niños, y ahí todo se complica, porque cuando no lo vemos con claridad, la vida nos revuelca y nos pone a soltar, y recordar nuestro poder sutil, a veces no con mucha amabilidad.
Cuando estamos sanando no siempre sabemos qué debemos hacer, esa es la vida misma; por eso volverla curiosidad es una idea genial, porque esa inteligencia elevada sí lo tiene claro y actúa para sintonizarnos con la vida que nos corresponde y las experiencias que nos van a elevar y a nutrir la sabiduría que desea florecer en el momento perfecto, así el tiempo a veces parezca muerto.
Siempre tuve una relación con Dios muy personal, no la que me indicaba mi familia, y aún la conservo dentro de este núcleo de católicos y un padre ateo que es un lector acérrimo y un conocedor potente del universo. Desde los 12 años leía metafísica, pero luego dejé la magia esotérica por la magia de la vida. Hoy entiendo que me tocó vivir la mundanidad para aprender sobre la densidad como ser terrenal y gestionar mis heridas de las formas que llegaban. Eso también hace parte del camino que luego se vislumbra. Toda esa experiencia era necesaria para acumular el fango desde donde más tarde florecería mi servicio. Les dejo un ejercicio para revisar su infancia y heridas de expresión o comunicación en esta etapa.
El Despertar del Linaje, la Profecía de Cuba y el Llamado de la Sierra
A los 35 años el cuerpo me detuvo. Empecé a sufrir de ansiedad física, insatisfacción y desconexión. Sabía en el fondo que era artista y no lo habitaba; también sabía que era sanadora, pero algo me faltaba: unir las dos cosas y, más aún, la sabiduría ancestral que lleva mi Nodo Sur en Piscis y mi ancestralidad marcada.
Eso me empezó a hablar y a resonar. Para colmo, en la EPS me diagnosticaron mal un inicio de ansiedad y depresión, y el tratamiento químico me hizo empeorar, por lo que tuve que buscar un tratamiento alternativo. Pero ese fue el puente para despertar y empezar a modificar la forma de habitar el mundo y verme de verdad. Esa crisis me llevó a recordarme más profundo y a hacer algo para que eso se manifestara y lograra una alquimia en mí, que efectivamente empecé a expandir desde ese momento: a expresar mis dones y talentos como parte del juego de estar aquí y no perderme en una realidad que me hizo olvidar que hacer algo con el placer del alma puede lograr la sanación del cuerpo, de la frustración que no entendemos pero que se pasa al cuerpo y termina influyendo en nuestro propósito y en la vida diaria.
Ese mismo año que enfermé, luego de estar mejor, viajé a Cuba. Estando allá, una espiritista me dijo que mi insatisfacción con el oficio era porque debía completarlo con el arte, y que eso iba a pasar en un tiempo, tal como hoy sucede. Viajar me ayudó profundamente a encontrarme.
Al regresar de ese viaje, empezaron a llegar herramientas energéticas poderosas que me ayudaron a salir del miedo de crear, de mostrar mi verdad y de expandirme. Mi compañero de vida, al verme escribir, me decía que lo mostrara al mundo; hace unos años era impensable que yo siquiera pensara en mostrar y enraizar mis creaciones, mis escritos.
El verdadero vuelco llegó a mis 36 años, cuando mi abuela materna muere y yo me transformo. Ella muere y yo renazco. Dejo los hábitos tóxicos, empiezo a estudiar meditación profunda y arteterapia, me uno al femenino sagrado, a los círculos, y empiezo a habitar mi mujer holística con más compromiso que siempre, honrando a ese aquelarre compasivo y místico de mi linaje.
Mi hermano, al igual, renace, sana asuntos serios y se vuelve profesor de yoga.
Al caer la cuarentena, tras haber pasado 15 años trabajando con niños, adolescentes y familias, resolví irme a la Sierra a vivir, porque desde hace más de 13 años voy seguido y me llamó su voz. También caminé por los Andes y escuché los regalos de los Andes. En la Sierra, como una chispa divina de Emperatriz, empecé a escribir mucho en mi canal Recuérdate_alejandraolach (que en ese entonces llamaba ‘Árbol Psicocreativo’). Las letras y yo nos volvimos a unir en un proceso hermoso y poderoso de sanación de mi adulta, de mis memorias, de mi autenticidad y de mi corazón. Mi alma, mis ancestros, mi memoria infantil, mi compañero de vida, mis guías, la vida y la Sierra se unieron para hacer que yo manifestara mi ser.
El Arte de Canalizar la Vida Misma: El Despertar Druida y el Akash
En el silencio de la Sierra, empecé a dibujar mucho a mi estilo lo que medito, lo que escucho en el bosque y lo que vivo. Allí, dibujar, escribir y escuchar me acercaron a los Registros Akáshicos, donde me formé y los cuales práctico como una druida en el bosque que brinda mensajes de la naturaleza a las almas que me buscan para abrir su ser. Empecé a comunicarme con la naturaleza, a recibir mensajes desde la presencia plena, tanto que pensé que estaba enloqueciendo, hasta que le conté a mi padre y me contó las historia de los druidas y los celtas, para hacerme ver que no estaba ” loca” que estaba conectada con ese Dios sublime de naturaleza expansiva divina, por fuera y dentro de mí.
Hoy ya he tomado el curso de Registros Akáshicos dos veces. Es un mundo maravilloso que siempre está para todos y es una enseñanza biológica y etérea para nuestro ser, para empezar a hacernos partícipes de esas conciencias elevadas y sanadoras que ya están disponibles.
En este espacio descubrí mi alma druida, con la que llevo ayudando a mujeres y hombres ya por lo menos seis años, después de independizarme como profesional y liberar mi ofrenda.
En este sendero también conocí la terapia pleyadiana, exactamente la tameana, medicinas vibracional y fotónica de alta frecuencia que actúa directamente sobre los cuerpos sutiles chakras y el ADN, permitiendo la transmutación de bloqueos antiguos, la reconexión con la geometría sagrada del ser y la restauración del equilibrio somático y espiritual a través de la canalización de luz estelar.
Aprender a no compararme para darle valor a mis creaciones fue todo un proceso que me llevó a amar a esa niña que me habitaba, esa que quería reír y ser libre para guiar a la adulta maga. Allí creé mucho y me hice artista primero en mi mundo. Abrí mi canal, el cual mis astros custodian con mucho cuidado y nutren de energías elementales que permanecen a mi lado. La astrología confirmó mi Stellium en Cáncer (Sol, Luna y Venus), revelando mi canal abierto y el arte como medio para sanar niños de adultos. Ambas herramientas, los registros y los astros, me dan la misma información, sumada a la que yo ya sentía en mi corazón.
Desde hace muchos años creo meditaciones y hoy diseño herramientas artísticas y terapéuticas que llevan esa medicina para ser habitada de una forma diferente, poderosa y genuina.
Es arte canalizado para el sistema nervioso y el alma que quiere encontrar su propósito en la Tierra a través del canal que custodia la vida.
Mi vida siempre ha sido guiada por la inteligencia invisible que lo custodia todo. Hoy sé que toda mi vida ha sido tejida como una mochila; comprendo que la vida es un tejido y que sin un hilo, un tejido o un mundo roto, yo no sería la misma. Esto es lo que enseño: a dejar de sobrevivir en el victimismo y entender que la vida nos guía, que todo camino es necesario para llegar a habitarnos desde la realidad más bella, que es nuestra autenticidad, conectando con el propósito que consagra el alma y nos permite amar al mundo en unidad. La infancia es el primer nudo sembrado en el agua, y el hijo que empieza su camino lo hace con errores, belleza y destino.
LO QUE LA CIENCIA DICE DE LA NIÑA NIÑO INTERIOR – Más allá de la metáfora: La idea de la “niña interior” suele ser desestimada por la psicología tradicional y clínica más ortodoxa por considerarse una metáfora poética, un constructo esotérico o una regresión infantil sin rigor empírico. Sin embargo, la ciencia contemporánea a través de la neurobiología interpersonal, la teoría del apego y los estudios de neuroimagen sobre el trauma, la sustenta de manera sólida.
Generalmente he observado en redes una cruel actitud además de ignorante, de muchos “psicólogos y terapeutas” donde al parecer los forman en la psicología clínica más tradicional, la cual desestima la idea de la “niña interior” tildándola de simple metáfora poética o recurso esotérico, incapaz de medirse bajo el rigor positivista. Y los estudiantes, o profesionales en ejercicio, que es peor, y de ciertas corrientes ” objetivas” hasta se burlan, de algo que ellos también habitan, padecen y del dolor humano que muchas veces proviene de esa memoria infantil, que es TRAUMA y NO superchería barata ni mística.
ES POR ESO QUE IMPORTA DECIR QUE, la neurobiología moderna demuestra lo contrario: lo que llamamos “niña interior” lógicamente es una metáfora, pues en realidad no es más que el sistema límbico y la amígdala, las estructuras cerebrales primitivas que almacenan las memorias implícitas y emocionales de nuestros primeros años. Cuando una adulta experimenta un desborde desproporcionado ante el conflicto, no es la razón adulta la que falla, sino una red neuronal de supervivencia que quedó congelada en el pasado. Validar y sanar a esa niña o niño no es un capricho espiritual; es una necesidad neurobiológica para actualizar el sistema nervioso, integrar el trauma relacional y permitir que la corteza prefrontal, la sede de la sabiduría y “madurez” más saludable vuelva a tomar el timón de nuestras vida
Herida y Efectos: El Mapa Colectivo: El Impacto en el Cuerpo, la Mente y la Energía

Cuando una historia como la mía ocurre en la infancia —donde el entorno se transforma tras la separación y la partida del padre de la casa—, el impacto no se queda en el pasado; se graba como un mapa vivo en todo nuestro sistema. Sanar al niño interior no es un acto puramente intelectual; es una reconfiguración absoluta de tres niveles entrelazados que nos habitan:
En el Sistema Energético (Los Chakras Bloqueados): La vivencia de la separación impacta de forma directa el Chakra Raíz (Muladhara), desestabilizando mi enraizamiento, la seguridad básica y el derecho a pertenecer tras la ruptura del núcleo familiar. Al mismo tiempo, golpea el Plexo Solar (Manipura), el centro sagrado de nuestro sol interno, la autoestima, la voluntad y la autoimagen. Al verse afectado este fuego, la autoimagen se altera y el temperamento de la niña, que ya de por sí era tímido y callado, se acentúa profundamente. Finalmente, el temor a incomodar y el resolver las emociones en absoluto aislamiento congestionan el Chakra Garganta (Vishuddha), limitando la libre expresión de la creatividad. La verdadera alquimia ocurre al encender a la sanadora interna: el reclamo de la propia dignidad y el amor propio actúan como llaves vibracionales que limpian el fango energético, restauran el fuego de Manipura y rescatan la autoimagen, demostrando que la verdadera medicina ya habita en el corazón.
En el Sistema Nervioso (La Biología del Trauma y del Síntoma): Al resentirse el Plexo Solar y acentuarse la timidez tras la partida de mi padre de la casa, mi sistema nervioso somático canalizó la ansiedad a través de la onicofagia. Sin embargo, antes de llegar a la adolescencia, logré superar el hábito de comerme las uñas por pura dignidad, simplemente porque no me gustaba ver mis manos así. Más adelante, siendo adolescente, el control de impulsos y la profunda huella de la pérdida paterna se manifestaron como tricotilomanía (arrancarme el cabello), un síntoma que investigué y que está íntimamente ligado a la ausencia de papá y al intento de ejercer un control sobre el propio cuerpo ante la impotencia. Lo sufrí en total silencio porque no quería causarle problemas a nadie. Años después, ya en mi juventud, esa vulnerabilidad latente se activó de nuevo: al verme envuelta en una relación de pareja ambivalente —donde el afecto profundo se alternaba con la inestabilidad emocional y tratos que no siempre eran cuidados ni seguros—, el viejo patrón regresó y la tricotilomanía volvió a manifestarse como respuesta a esa inseguridad vincular. Las neurociencias demuestran hoy que las tensiones tempranas alteran la amígdala y las vías somatosensoriales. A través de la meditación profunda y la autorregulación consciente, le enseñamos a nuestro diseño biológico que finalmente es seguro soltar el control, calmar el pulso y sanar de forma definitiva.
En el Sistema de Creencias (La Mente Subconsciente): Es en esos años de alta sensibilidad, donde el inconsciente absorbe interpretaciones rígidas sobre la capacidad personal, el merecimiento y el valor de la propia imagen (creencias de sentirse incapaz, insegura o tonta frente a la constante comparación con los demás). Estas dinámicas corporales, la tricotilomanía, las relaciones ambivalentes de la juventud y los silencios autoimpuestos moldean un autoconcepto distorsionado. Al cruzar el puente de la arteterapia y la psicología transpersonal, entramos directamente a la raíz subconsciente. Los símbolos, la meditación, la escritura, la sanación somática, la poesía y el arte canalizado reprograman estas improntas profundas sin pedirle permiso a la mente lógica, permitiendo que la adulta abrace su poder original y modifique su mapa de realidad.
Atravesar al niño interior con este engranaje de neurociencia, arte y saberes expansivos es lo que verdaderamente permite la alquimia. No parchamos el síntoma; reescribimos la memoria celular y energética para regresar a la esencia pura. Para vivir desde todo lo que somos con dignidad, abundancia, placer y creatividad.
Neurociencias, Arte y Mística: Por qué la Psicología Tradicional no te Cuenta Todo
Hoy tengo una obra de arte expuesta desde hace 10 meses donde solo hay libros pequeños repletos de poemas, reflexiones y un mundo entero escrito a mano, con seres poéticos creados y una infancia que nos regresa al recuerdo de los dones y los talentos. Recuperar esa memoria desde la conciencia es entender que somos un refugio desde niños. Al margen del dolor o del “deber ser” de la vida, ese refugio, esa memoria y esos dones que muchos olvidamos están siempre esperando cuando nos hacemos cargo de regresar a ese pasado desde el presente y abrazar a ese niño o niña para siempre. Esto me cambió la vida.
Por eso escribí un libro ritual teórico que cuenta esta historia de forma más amplia y lleva hermosos rituales, historias, neurociencias, meditación, psicología, rebeldía y arte sanador para volver a ti.
Como psicóloga clínica con 18 años de experiencia, sé de sobra lo que respalda mis creencias. Mientras la psicología académica tradicional duerme y tilda estos procesos del alma de “superchería”, las neurociencias actuales ya avalan lo que las tradiciones místicas sabemos por experiencia: que el trauma y la desconexión se alojan en el cuerpo y que el arte y la meditación autorregulan nuestro sistema nervioso somático.
Yo no trabajo como todos. Voy a lo abstracto, al inconsciente, a lo bizarro, porque cada uno es un mundo complejo y no vinimos a seguir moldes; eso es lo que nos ha enfermado en la infancia, en el cuerpo y en la ancestralidad. En la infancia hay muchas verdades que la psicología común y el mundo no te van a contar, porque es nuestra responsabilidad regresar a donde está lo que más necesita amor, comprensión, bondad y liberación.
El Regreso a Casa: El Puente Hacia la Libertad Somática
Mi forma de habitar el mundo es regalarle a los adultos el regreso a casa —al margen de cada circunstancia— a través del arte, la meditación, ser tu propio canal y el cuerpo como brújula y camino de libertad. Es para que dejes de entregarle tu vida a todo el mundo a toda hora y aprendas que la medicina está en ti y en esa memoria infantil.
La sociedad actual necesita con urgencia que los adultos sanen a sus niños interiores, y mi propósito es ser el puente para que lo logren.
Volver a ser niña me rescató la vida y me dio todo lo que de adulta necesitaba para hallar mi propósito y dejar de seguir doctrinas. Si estás lista para soltar la máscara, mirar tus dolores con bondad y activar tu propia sabiduría ancestral, te invito a cruzar el puente conmigo. La medicina siempre ha estado adentro.
👉 Te espero en mi casa digital para conocer mis espacios grupales, mis sesiones 1.1, mis herramientas somáticas y la alquimia que he creado o puedo crear para ti. 🏡 ¿Quieres comprender el lenguaje de tu infancia y de tu energía?
Si sientes el llamado de explorar qué dicen tus emociones profundas, sanar tus heridas del pasado y conocer el estado actual de tu sistema energético a través de un proceso de acompañamiento amoroso y consciente, contáctame. Estoy aquí para guiarte paso a paso en tu camino de reencuentro interior.
Con amor,
Alejandra Olach

